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 GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios

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Ratly_Bonsai
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MensajeTema: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Mar Jul 08, 2014 10:03 am

MIEMBROS = 7

  • Jonathan Prias Pinzón
  • Camilo Casadiego
  • Juan David Ochoa Escamilla
  • Mauricio Buitrago
  • Oscar Burgos
  • Mario Solano
  • Jose Miguel Ortega Vélez
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Ratly_Bonsai
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Mar Jul 08, 2014 11:12 am

- No se en qué momento me he aliado con esta escoria... son increíbles las cosas que tengo que hacer por intentar conseguir esos asquerosos artilugios - dijo Askit Dientespeludos a su segundo al mando, con una voz chillona de rabia.
- Señor, pensé que era la mejor forma de entrar al desierto y hallar el Cántico, aliarnos con los cadáveres vendados nos evita las triquiñuelas y maldiciones que podrían caer sobre nosotros en esas tierras condenadas - respondió su mano derecha mientras su inmensa Rataogro dejaba caer una baba viscosa sobre los huesos roídos de un humano y dejaba escapar un leve gruñido involuntario.

- Lo se, idiota, no hablo de ellos, hablo de esas sucias ratas... no puedes confiar en ellas... y mucho menos en esos brujos de pelo gris. Ya he tratado con esa clase de alimañas y te traicionan a la primera - mientras Askit escupía las palabras con odio, iba acariciando el pelaje purpúreo de la cabeza del antiguo general del Clan de los Peregrinos Caídos, como se hacían llamar, Mazzik Necroskin, a quien había robado su arma y de paso el liderato del Clan. - Ahora cállate y monta, al amanecer marcharemos contra otro enemigo... espero no toparme de nuevo contra otra de esas deformidades aladas y malolientes -
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Profe
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Mar Jul 08, 2014 12:34 pm

La tumba de Ahmenotep jamás recibía tantos visitantes. De hecho, los últimos habían sido unos pocos viles piratas venidos de algún fétido lugar muy lejano y habían pagado un alto precio por la codicia que les había llevado a intentar saquear aquella sagrada construcción. Sin embargo, ahora se veía forzado a recibir a los que alguna vez fueran de sus más terribles rivales, con la misma paciencia y diplomacia con la que recibió a incontables visires, príncipes y reyes de la antigua Nehekhara.

Su mirada brillante y cargada de odio recorrió el salón principal de su túmulo mortuorio y casi pudo sentir la misma repulsión que acompañaría en vida el encontrar que muchas de las comisiones enviadas a negociar eran ni más ni menos que de los asquerosos hombres rata. Un evento sin precedente, pero no del todo inesperado; según las compañías de exploradores y las visiones de los sacerdotes liche, una gran guerra comenzaba en cada rincón de la isla maldita donde su hermano, Sutekh, había sido destruido muchos años atrás. Ahora los miserables traidores peludos necesitaban desesperadamente un aliado, al igual que los otros reyes y príncipes que deseaban marchar al combate.

Tras varios días de agitadas negociaciones e incontables maldiciones murmuradas por cada rata hacía su propia raza, Ahmenotep salió de su túmulo para encontrarse con el sumo sacerdote liche encargado de sus legiones. Como muestra de buena voluntad, los peludos había regresado muchas de las posesiones de las tumbas, robadas, saqueadas o arrancadas de las manos chamuscadas de alguna otra rata o saqueador infortunado. La cámara mortuoria ahora estaba tan llena de riquezas que Ahmenotep encontró el brillo del ojo de Ptra algo reconfortante por una vez en mucho tiempo.

- ¿Estais seguro de esto, mi señor?

El sacerdote preguntó en voz baja mientras la guardia del sepulcro salía de manera disciplinada de sus tumbas y blandían las alabardas rituales fabricadas con esmero en la lejana Ka-sabar.

- Por supuesto. Si esos engendros están tan desesperados por alzarse con la victoria en esa guerra como para acudir a nosotros, es porque necesitan aliados que sean menos propensos a la traición que su propia asquerosa estirpe.

Hábilmente los esqueletos de sus antiguos esclavos ajustaron la armadura del príncipe y trajeron el resto de sus atavíos para el combate envueltos en finas telas benditas por las sacerdotisas de Neru.

- Entiendo, pero de cualquier manera no dudarán en dejar que nuestros huesos se pudran lejos de nuestras tumbas a la menor oportunidad, cuando les sea favorable.

El sacerdote también era asistido por varios esclavos, quienes sostenían en finos cofres de mármol algunos objetos encantados que le eran de utilidad al poderoso hechicero.

- Es verdad. Pero no sin antes asegurarse de ser las últimas ratas en pie. Se detestan entre ellos con gran vehemencia y no dudarán en creerle a sus nuevos aliados cuando sembremos algunas semillas cuidadosamente seleccionadas de las tinajas del odio, el rencor, la avaricia y la traición.

Las manos de Ahmenotep blandieron con habilidad la enorme espada de hierro, mucho más pesada y tosca que las finas armas de bronce a las que su pueblo estaba acostumbrado, pero igualmente más efectiva que aquellas a la hora de atravesar armadura, rasgar la carne y astillar el hueso. Su mirada, vacía en apariencia, evaluó rápidamente a las tropas invocadas por el poder su sacerdote y soltó un bufido jactancioso, tal como hubiera hecho en vida siglos atrás. Avanzó con presteza, haciendo acopio de su poderosa voluntad para atraer desde lo profundo de las arenas ardientes a los caballeros que guardaban su tumba, quienes parecían requerirlo con el sibilante ruido de sus monstruosas monturas.

Había 10 ratas, espías sin duda alguna. Todas ellas muertas, con la agonía del veneno de los constructos serpentinos grabadas en sus pequeños hocicos.

- Decapiten los cadáveres, quemen los cuerpos, embalsamen los cráneos y que mis mensajeros los lleven a los campamentos de las ratas como "ofrendas" de paz. Decidles que si esperan el apoyo de mis ejércitos, deberán mostrarse algo menos... suspicaces. Eso bastará por ahora para mostrarles que somos muy buenos aliados.

Los esqueletos marcharon a lomos sus corceles para cumplir las órdenes de su señor mientras la pira funeraria ardía con fuerza, avivada por el aliento de una de las esfinges de guerra. Las preparaciones habían culminado; sin más dilación Ahmenotep abordó su carro de guerra y ordenó a sus huestes avanzar. Serían algunos días de camino a Zandri, a paso constante por las orillas del otrora río Vitae, y entonces embarcar para llevar la misma destrucción ardiente de las piras a todos los que se interpusieran en su camino.
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daruk_el_rojo
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Mar Jul 08, 2014 12:40 pm

washh estan severo ambos, cool ke le voten trasfondo a la vaina
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Profe
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Miér Jul 09, 2014 5:14 pm

Algo lo llamaba desde un mundo lejano, perceptible, pero tan remoto que parecía casi irreal. Apenas si era consciente de sí, de lo que había ocurrido, de la destrucción y la muerte del campo de batalla; recordaba imágenes distantes y borrosas, el ruido del hueso destrozado y los carros romperse contra las formaciones enemigas, apenas un remolino enfurecido del desierto frente a las dunas inamovibles. Entonces volvió a sentir, una terrible fuerza que lo halaba desde ese mundo lejano y entonces el impacto de todas las realidades juntas sobre su espíritu inquebrantable.

Gritó. Un sonido gutural, profundo y tan lleno de odio que hasta los mismos dioses hubieran temblado al escucharlo. Ahmenotep se encontraba nuevamente en su tumba, invocado desde las mismas garras de Usirian para volver a la maldición de la no-vida sobre las arenas inmisericordes de Nehekhara. Su cuerpo era apenas un despojo rasgado que laboriosos escarabajos recorrían de arriba a abajo en un intento de purgar la carne enfermiza del sacrificio mortal; pronto lo moldearía a su antigua imagen, en cuanto su espíritu consumiera completamente los remanentes chamuscados del alma de su antiguo ocupante.

- Dónde está Amenemhat?

El sonido rasgado de la voz del príncipe arrancó algunos escarabajos de las proximidades de su cuello y les hizo volar aturdidos hacía la luz, fuera del sepulcro.

- Aun se encuentra en la isla, mi señor. Está al mando de sus huestes y espera órdenes. Ha dicho que los dioses le han mostrado visiones del gran derramamiento de sangre sobre ese trozo de tierra maldito y cuanto más esperemos, más se acerca a nosotros, para cebar el apetito de los dioses del norte con los huesos de nuestros muertos.

El batir de alas en las proximidades de la tumba anunciaba la llegada de más mensajeros de otros reyes y príncipes. Esperaba mejores noticias, aunque por ahora le preocupaba decidir qué sería de su ejercito mientras recuperaba la fuerza suficiente para blandir el hierro y volver a la guerra.

- Haz que vengan los escribas, enviaré instrucciones precisas para los sacerdotes en la isla y para algunos aliados que aun deben antiguas deudas de honor. Qué hay de Sennefer?

Algunos escarabajos estallaron con un crujido sordo entre el pico de los buitres, que esperaban impacientes a ser enviados hasta un lugar con más abundancia de carne y sangre.

- Ya está de camino a la isla, con otro regimiento y sus herramientas para reparar a las estatuas. Se le notaba impaciente, mi señor.

Una ligera risa contenida hizo que otro par de escarabajos volaran momentáneamente. Ahmenotep se reclinó sobre su trono fúnebre y dejó que sus pensamientos se escaparan de su conciencia, aun tenue por el viaje desde la tierra de los muertos. Tendría que esperar un tiempo y confiar en la habilidad del Sumo Sacerdote para llevar las tropas a un mejor desenlace del que él había podido lograr. Había enfrentado enemigos que jamás habían tocado las arenas de la tierra sagrada y el precio había sido muy alto, como era lo usual en estos tiempos de matanza.

Con esfuerzo tomó nuevamente las riendas de su mente y dictó con firmeza los mensajes para que las enormes aves de rapiña volaran sin descanso. Esperó hasta que no pudo escuchar el ruido de sus alas y se entregó de lleno al constante repicar los escarabajos mientras en su mente tomaban forma nuevos planes para traer consigo los trofeos de las bestias y demás criaturas repulsivas que le habían forzado a regresar a la tumba.
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daruk_el_rojo
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Miér Jul 09, 2014 5:53 pm

brutal, me mantendre al dia con el trasfondo de este grupo
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juniac
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Vie Jul 11, 2014 10:21 am

Que buen trasfondo Profe !!!!!
Seguiré las nuevas entregas sin duda.

_________________
Exiliados de Zharr Naggrund
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Profe
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Lun Jul 14, 2014 8:08 pm

Amenemhat se inclinó ante las estatuas de Ptra y Neru, las que desde tiempos inmemoriales habían acompañado todas las incursiones guerreras de los hijos de la tierra sagrada, mientras entonaba los cánticos con los que ofrendaba la sangre y trofeos de guerra de la horda de viles pieles verde a los que había llevado a la muerte. Las llamas lentamente llevaban ante la presencia de los dioses el agradecimiento del sacerdote mientras las últimas sílabas del viejo ritual escapaban de su garganta reseca por la maldición del Usurpador.

Abandonó con una reverencia la tienda de campaña dedicada a los dioses y se mostró complacido al encontrar las tropas listas y en formación, esperando con paciencia las órdenes que los llevaran de nuevo a la victoria. Sin embargo, no podía dejar que una falsa sensación de confianza traicionara la cuidadosa preparación de sus huestes, aun quedaban muchas batallas por librar en aquella tierra contaminada por la muerte y la taumaturgia. De su éxito o su fracaso dependería un apresurado y poco decoroso regreso a las sombras de su cripta, lo que sin duda alguna no sería del beneplácito de su señor.  

- Los caballeros se han puesto en marcha y surcan la tierra en busca de un rival digno. Las demás estatuas sagradas están preparadas para otra batalla, gran sacerdote.

Poco había logrado la muerte y la maldición de la no-vida para arrancar las cualidades perturbadoras de la voz de Sennefer. Amenemhat solo podía asemejar el sonido ronco y gutural que atravesaba la garganta hueca del antiguo artesano con los sonidos perversos de los espíritus malditos del desierto, pero aquellos carecían de esa cualidad casi palpable y desgarradora que imbuía inclusive a los huesos más desgastados con renovada furia. Lo llamaría una maldición si no obrara de manera tan efectiva a favor de los destacamentos que el príncipe había dejado al mando de Sennefer, por lo que aquella punzada en su espíritu ante el ímpetu atronador de la voz del artesano resultaba un pequeño mal tolerable.

- Gracias, diligente artífice. El príncipe estará complacido cuando reciba nuevas de nuestros avances.

El sumo sacerdote recibió un leve gesto de asentimiento como respuesta al tiempo que percibía como un sonido familiar llenaba el aire con el rumor de alas desgarradas. De las órdenes del príncipe y los destinos de sus aliados dependía su siguiente movimiento; el sacerdote pediría consejo a los dioses y daría las ofrendas necesarias para asegurar mayor fortuna en las batallas por venir. Sabía por boca de algunos espías y exploradores que varios de sus peludos y traicioneros aliados también se habían alzado con grandes victorias, algunas bien merecidas tras el recibimiento carente de cordialidad del que fueran objeto al poner pie en la isla; Amenemhat sabía de primera mano lo que aquello significaba y las marejadas de odio que emanaban desde las cámaras mortuorias a miles de leguas de distancia le decían que su señor recordaría aquella afrenta y no dejaría piedra sobre piedra con tal de cobrar venganza por las ofensas recibidas.

El restallido aullante del látigo del artífice arrancó al sacerdote liche de sus cavilaciones; las rapaces habían dejado los pergaminos a los pies de su destinatario para entrar un frenesí carnívoro por ser la primera en recibir su parte de los cadáveres apilados que no fueron considerados dignos para los sacrificios a los dioses. Solo un golpe despiadado por parte de Sennefer pudo mantenerlas a raya hasta que el sacerdote de los dioses de Nehekhara leyó los mensajes y redactó los propios con ayuda de sus esclavos, entonces permitió a las aves cebarse en la carne de sus enemigos e instó al artesano a motivarlas nuevamente con su arma para que regresaran con el príncipe bajo el impulso de su furia eterna y descarnada.

Apenas minutos más tarde eran apenas siluetas en el lejano horizonte, desdibujadas contra el atardecer que auguraba otra noche de matanza. Amenemhat ordenó a las tropas desmontar las tiendas, depositar las estatuas en sus relicarios pétreos, encender las piras funerarias y marchar en busca de otra victoria para su señor. Tal vez fuera la influencia de Sennefer, pero sentía una ligera impaciencia recorrer sus huesos antiguos y ennegrecidos, estaba ansioso por cobrar otro generoso sacrificio para asegurarse esta y otra eternidad de beneplácito ante sus dioses, pero su voluntad no cedió y enterró sus miserables ambiciones bajo la carga del deber y prosiguió al frente de las tropas tal y como había sido la voluntad del príncipe al que juró lealtad siglos atrás.
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Mar Jul 15, 2014 12:59 am

cool, pa ke.  y ni me humillo no nada ;P
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Profe
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Vie Ago 01, 2014 12:17 am

Pese a la muerte y las maldiciones que le siguieron, aquel súbito influjo de poder le produjo a Amenemhat algo que bien podría haber llamado una "sensación", cosa que nada había logrado hasta entonces; duró apenas un instante, lo suficiente para que una rápida dentellada de su mortalidad pasada apresara su alma condenada. Aquel momento arrancado del tiempo que marchita a los vivos no duró tanto como para llevarlo a la presencia del dios que debía juzgarlo generaciones atrás, pero si tuvo la medida adecuada para que pudiera escuchar una voz áspera y atronadora semejante al sonido fúnebre de los buitres de Nehekhara.

- TU DEUDA CRECE Y AUN PARECE LEJANO EL DÍA EN QUE TU Y LOS TUYOS CUMPLIRÁN LAS PROMESAS DE SACRIFICIOS Y LIBACIONES QUE HICIERON ANTE LOS ALTARES REBOSANTES PUESTOS A MIS PIES. NO HABRÁ MAGIA, RITUAL O NECROMANCIA QUE EVITE MI FURIA SI VUELVEN A MIS DOMINIOS CON LAS MANOS VACÍAS, ASÍ QUE CONSIDERA CUIDADOSAMENTE ESTA ADVERTENCIA, SACERDOTE LICHE, ANTES DE QUE TU ESPÍRITU MALDITO SIQUIERA PUEDA PRESENCIAR EL HORROR QUE LES ESPERA EN MI DOMINIOS.

Los restos de hueso y vendajes pulverizados se juntaron en un remolino oscuro bajo la invocación de Hapuseneb, el acólito y sacerdote del culto mortuorio que siempre acompañaba las campañas militares del príncipe Ahmenotep. Había sobrevivido a la brutal batalla en la que los pieles verde cobraron venganza por la derrota recibida escasas semanas atrás, aunque tal vez no lo hubieran logrado sin la traicionera mano de los dioses que guiaron los vientos de la magia más allá del control de Amenemhat, hierofante del ejército. Sin el poder para mantener las hordas malditas era apenas una cuestión de tiempo antes que su propio peso los aplastara nuevamente contra la tierra oscura y rota.

La temperatura pasó de una brisa tibia a un infierno aullante alrededor de las complejas líneas del ritual y el acólito tuvo que hacer acopio de todo el poder que estaba acumulado en sus huesos para mantener la integridad del hechizo y de su figura, de por si muy susceptible a las inclemencias del fuego. El rugido del temporal ígneo acalló cualquier otro sonido en muchas leguas a la redonda y la fuerza desoladora que le siguió pareció inclusive opacar la presencia altiva y majestuosa de las esfinges que escoltaban la comitiva. Finalmente, el vórtice cesó bruscamente y con un estallido sordo dejó la figura arrodillada del poderoso hierofante en el centro de un pequeño cráter cuyos bordes aun se encontraban al rojo vivo.

El siseo de la sangre de cientos de serpientes pareció despertar al sacerdote liche de su letargo al tiempo que enfriaba los bordes de roca hirviente que le separaban del resto del pequeño campamento. Sin mediar palabra se acercó a los esqueletos que le esperaban con un atuendo nuevo, si bien gastado y raído por la acción del tiempo, pero acorde a su rango como miembro del culto funerario; una vez la túnica de bordes tejidos en hilo de oro tocó sus hombros cubiertos de piel seca y apergaminada, alzó sus brazos y en una sola invocación furiosa llamó a todo el ejercito que yacía en pedazos a lo largo y ancho del campo de batalla. Por fin, su voz seca cortó el viento lúgubre con una única orden marcada por la ira y la sed de venganza.

- Volvemos a la guerra.

Esta vez el látigo del necrotecto no alertó al esquelético hierofante tanto como en pasadas ocasiones, inclusive le causó un cierto alivio al notar que se este encontraba tan alerta y ansioso de batallar como él mismo. Aquella percepción cobró fuerza al notar que la lengua del arma se encontraba sujeta en un abrazo mortal alrededor del cuello de un emisario skaven que, de no ser por sus buenos reflejos, hubiera sido decapitado. La mayor parte del poder del impacto había sido contenido por el brazo del hombre rata, aunque la sangre que ahora empapaba la tierra sugería que faltó poco para que aquel acto defensivo no fuera suficiente.

- Los-los señores grises quieren saber cómo avanza su campaña.

La voz entrecortada del pequeño peludo se tornó en un chillido ahogado cuando el sacerdote giró su cabeza hacía él, revelando ese aterrador gesto que reflejaba los horrores de la no-vida. A pesar de las cuencas vacías del liche el emisario podía sentir el peso de la mirada bajo la que se encontraba, lo que le hizo agachar sus orejas y sacudir la cola con nerviosismo. Intentó hablar de nuevo, pero las palabras se atoraban en su garganta con pasmosa facilidad.  

- Eh, nosotros también estamos avanzando... paso a paso... ustedes saben...

Pareció tomar valor mientras el artífice iracundo removía el látigo de su cuello con reticencia evidente y los demás esqueletos parecían alejar su atención de él.

- Tenemos una alianza, cumplimos con-con nuestra parte, ahora depende de ustedes.

Se frotó las manos con aire inquieto para aferrar con fuerza su muñeca y prevenir una mayor pérdida de sangre. Amenemhat soltó un gruñido despectivo y recibió una caja decorada de manos de uno de sus sirvientes; la entregó sin el menor decoro al mensajero y se marchó a la tienda donde Hapuseneb le esperaba para rendir honores a los dioses que le habían permitido regresar una vez más de los fosos de la muerte. El hombre rata miró a lado y lado para cerciorarse de qué no sería víctima de algún otro ataque y se marchó precipitadamente hacia un lugar seguro.

°*°*°*°*°

- Mi señor, los hombres de hueso solo-solo me dieron esto.

El señor de la guerra observó la caja largo rato antes de decidirse a ordenar que uno de sus guardaespaldas la abriera. Preso de la misma cobardía que su señor pero incapaz de mostrar desobediencia, el skaven abrió la tapa lentamente con la punta de su espada de bronce para revelar la cabeza embalsamada de un explorador muerto apenas días atrás atrapado en lo que seguramente fue una agonía indescriptible. Para aun mayor sorpresa de los hombres rata, del cráneo salió un ruido gorgoteante seguido de un crujido sordo que lentamente se transformó en palabras de poder grabadas con la más terrible magia del culto funerario.

- NUESTRA ALIANZA SIGUE EN PIE, CRIATURAS VILES. HONRAREMOS LA PALABRA DADA POR NUESTRO SEÑOR HASTA QUE LA NATURALEZA RASTRERA DE VUESTRA ESTIRPE LLEVE A LO INEVITABLE.

Poco a poco el cráneo empezó a emitir un humo oscuro y pestilente mientras de su interior brotaron decenas de escorpiones azabache que rápidamente se escabulleron entre las sombras del salón subterráneo donde los hombres rata se encontraban reunidos. Aunque su cola se removía de un lado para otro, el señor de la guerra parecía conservar la compostura que el resto de su guardia personal y el mensajero no habían podido mantener; bufó con fuerza y destrozó la caja con un golpe de su mandoble.

- Esperaremos entonces lo inevitable. ¡Ha! Hasta entonces, que hagan lo que deseen, mientras eso signifique nuestra victoria en esta guerra.

Los guardias retomaron sus posiciones y el mensajero se marchó raudo con más encargos por cumplir; entre tanto el señor de la guerra se removía inquieto en su silla tallada en la roca, asediado desde las sombras más profundas por la mirada inquisitiva y atenta de numerosos escorpiones de la tierra de los muertos.


Última edición por Profe el Vie Ago 01, 2014 11:55 am, editado 1 vez
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Jazon
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Vie Ago 01, 2014 1:48 am

Wow! que trasfondo mas genial Very Happy estaré mega-pendiente por que quede con ganas de leer mas D:
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daruk_el_rojo
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Vie Ago 01, 2014 11:49 am

muy buen capitulo, felicitaciones al chef
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Ratly_Bonsai
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Sáb Ago 02, 2014 2:50 pm

Crantz vio a Askit Dientespeludos marchar sobre el palanquín que los sostenía tambaleante sobre los anchos hombros de su rata ogro; a simple vista, el movimiento de las tablas era inestable y haría que el señor de la guerra cayera en cualquier momento, pero él y sus enemigos sabían que ese mismo movimiento era lo más peligroso al momento de defenderse contra él... lo hacía impredecible. Crantz iba detrás de su propia rata ogro, aferrado al pellejo de la espalda con las garras clavadas para asirse con facilidad, la piel de su rata ogro era extremadamente dura.

Crantz había había sido señor de la guerra y propietario de su propio clan hasta que recibió la preciada bendición de la Rata Cornuda por la cual se mofaba su nuevo clan, Los Peregrinos Caídos... ahora también su piel se había amoratado y la muerte misma a veces era incapaz de arrebatarlo... Quizás por eso sentía cierto gusto a que la alianza para la guerra que estaba comenzando pudiera incluir a los antiguos reyes que moraban en los desiertos. Era cierto lo que su señor Askit decía sobre aliarse con ratas, eran sucias, traicioneras y harían cualquier cosa por sobrevivir, como él mismo... Pero con Askit era distinto, entre sus filas, sus seguidores lo alababan como a una deidad misma, morían por él a veces fuera de toda naturaleza skaven y lo hacían gustosos; la lealtad - horrible y ordinaria palabra antes desconocida - cobraba sentido en forma de temor y adoración en el clan de los Peregrinos.


La montaña cada vez estaba más cerca, el sol estaba a punto de ponerse y la arena de sus pies había desaparecido desde hacía un par de días, por lo que la marcha era más cómoda y lo único intranquilizante era la cabeza que llevaba colgada al cinto; desde que la había cercenado, no hacía más que movimientos espasmódicos con su mandíbula en un intento imposible de emitir algún sonido, pero el corte hecho en la parte más alta del cuello había impedido eso. Definitivamente, si no fuera un ícono imprescindible para si dominancia en el clan, Askit Dientespeludos ya se habría deshecho de esa cabeza.


- No puedes acabar conmigo- había dicho Mazzik Necroskin, fundador y señor de la guerra del clan de los Peregrinos Caídos - Yo soy el siervo de la Rata Cornuda.


Askit había saltado inmediatamente sobre él y con sus afiladas garras había abierto una vieja cicatriz que surcaba el cuello de Necroskin. Los jirones de carne purpúrea casi recién regenerados comenzaron a abrirse como una prenda de lino al rasgarse y a pesar de eso, casi no salpicó sangre, pues aún tibia ya estaba casi seca y coagulada por dentro, antes de caer el cuerpo moviente ya era todo un cadáver. Cuando Askit terminó de separar la cabeza de su antiguo jefe, ésta no dejó de moverse. "No puedo acabar con él", pensó Askit, quizás era cierto, pero podría usarlo a su favor.


Después de eso, apenas había librado unas cuantas batallas para probarse en el campo. Tenía cosas que mejorar, cosas que recordar de sus antiguas estrategias, pero mientras marchaba hacia las montañas, con un solo objetivo en mente, Askit estaba seguro que El Concejo de las Arenas podría ser el único que realizaría el ritual del que le habían hablado los flagelantes de la Torre... para ello necesitaba al Concejo mas que nunca... que cada uno desempeñara su papel y así nadie podría superar su supremacía...
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Profe
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Mar Oct 28, 2014 12:29 am

Siglos atrás Ahmenotep, orgulloso príncipe guerrero de Khemri, habría soñado al reposar bajo el intrincado dosel dorado que coronaba el lecho de su recámara en uno de los tantos palacios construidos durante el reino de su padre, pero en la tierra de los muertos ya no había sueños a los que escapar, no había descanso que aliviara el dolor, todo cuanto había sido era un espejismo en la memoria de los voluntariosos y un reflejo opaco en las cuencas vacías de los siervos que se arrastraban movidos por la voluntad de los antiguos sacerdotes. Aquello no era más que una burla cruel y obscena que lo mantenía siempre a punto de ahogarse en su propio odio mientras lograba apenas vadear en aquel mar de sangre para conservar un fragmento de su cordura a flote y conseguir algún día el descanso en los dominios de Usirian o una destrucción tan plena que ni su espíritu sobreviviera para sentir de nuevo ese tormento.

Sus restos maltrechos fueron traídos no bien una semana atrás después de una larga y desastrosa campaña en la isla maldita donde se alza la torre de la llama eterna. Podría jurar que los mismos dioses se batían entre los combatientes, cebándose en su carne destrozada, en los ríos oscuros y corruptos que se derramaban sobre la tierra cubierta de cadáveres; había visto en poco tiempo más batallas de las que su padre y su hermano juntos pudieron presenciar durante el tiempo de los reyes. Sin embargo, aquello ni siquiera había mellado la superficie de su deseo de venganza, no había infligido ni un grano de arena de ese desierto de agonía que le roía el alma y ahora estaba allí, vacío, destrozado, un despojo de la antigua gloria de Nehekhara observando el vaivén de las finas telas bajo el empuje de un viento estéril y pesado. Algunos pasos lejanos lo hicieron incorporarse con lenta determinación y estaba ajustando su armadura sin mayor convicción cuando la presencia de varios sacerdotes del culto funerario detuvieron su preparación.

- ¿Qué sucede?

La voz cortante del príncipe hizo que los antiguos hombres de fe ocultaran los rostros en un gesto reverente; la voz átona del primero de ellos llenó la recámara con ecos espectrales mientras comunicaba al soberano la voluntad de quien reinaba supremo por sobre todos los demás monarcas.

- Nuestro rey, Settra, inmortal, eterno e imperecedero, desea que acuda tan pronto como le sea posible al gran salón de la pirámide blanca, mi señor Ahmenotep.

Un ligero gesto de asentimiento siguió aquellas palabras y con desagrado evidente, pero mesurado, el príncipe dio la espalda a los sacerdotes implícitamente dando su aprobación para que un enorme séquito de sirvientes ingresara al recinto; su labor consistió en preparar a su amo para tan importante audiencia, cuidando cada detalle con enorme esmero, inclusive con mayor disciplina de la que hubieran gozado en vida. Ahora, aquellos pensamientos ligeros y vacuos que seguramente Khsar había depositado en la mente del príncipe fueron reemplazados por las palabras cuidadosamente seleccionadas que Settra habría de oír respecto a su desempeño en el campo de batalla; un informe realista pero positivo que lo pudiera mantener lejos de ser deshonrado frente a los mensajeros y cortesanos de otras tierras, a quienes la muerte no había arrebatado la habilidad para repudiar la memoria de los antepasados menos agraciados ante los ojos de su rey.

-*-*-*-*-*-

El salón principal de la gran pirámide del rey imperecedero hacía que las grandes comitivas venidas desde todos los lugares del reino parecieran apenas un puñado de huesos apilados cuidadosamente en algún lugar perdido del desierto. Aunque se encontraban allí numerosos reyes y príncipes, incluyendo antepasados directos del mismo gran regente así como también algunos de sus sucesores, todos y cada uno acompañado por su guardia personal, era posible ver lugares vacíos y espacio suficiente para acomodar uno o dos regimientos de soldados, una escena que muy seguramente se repitió centenares de veces durante el reinado que unió a toda Nehekhara por primera vez. Ahmenotep encontró su lugar entre la multitud dispersa y saludó sin mayor ceremonia a los miembros del séquito y a los sacerdotes recién llegados desde el campo de batalla.

- Reyes, príncipes, herederos, visires, embajadores y mensajeros, nos acechan presagios de la más nefasta naturaleza y de nuestra unión depende la victoria y la gloria para toda Nehekhara.

La poderosa voz de Settra acalló todo otro sonido e inclusive el aleteo inconstante de los buitres del desierto terminó bruscamente para que el poderoso rey del desierto prosiguiera sin interrupción.

- Los sacerdotes han visto un futuro oscuro bajo el manto sangriento de una guerra que consumirá el mundo, incluso más allá de nuestras vastas fronteras. Los traje aquí para advertirles del peligro que se avecina, preparen sus soldados, afilen cada espada y sostengan en alto cada escudo, que cada auriga empuñe el látigo con firmeza y sostenga las riendas con determinación, que los guardianes de sus túmulos se apresten a dar la vida por sus señores y que rujan las esfinges desde lo profundo de las arenas donde descansan esperando nuestro llamado. ¡La gran hora se avecina y con esta, el reino de un millón de años! ¡LLEVEMOS LA IRA DE NEHEKHARA HASTA EL CORAZÓN DEL MUNDO!

El ímpetu ensordecedor que siguió a las palabras del gran rey sacudió el salón con clamores y vítores que, aunque no fueran compartidos del todo por cada uno de los regentes presentes, mostraban que la unión de la tierra de los muertos encarnada en Settra resultaba una elección aceptable y preferible a una guerra sin cuartel que muy seguramente llevaría a la aniquilación de todas las grandes ciudades y con ellas, el olvido del fastuoso imperio que otrora prosperara en aquél desierto voraz. Ahmenotep sintió aquella misma idea recorrer su mente, pero la desechó con rapidez al notar que el mismísimo rey imperecedero le indicaba con un gesto que se acercara al trono.

- Mi señor, me honra...

El saludo de rigor quedó bruscamente cortado por un gesto de desdén del gran monarca y el descenso de algunos sacerdotes por los peldaños de mármol brillante.

- Hoy prescindiré de tus palabras halagadoras, Ahmenotep, pues necesito que un gran general marche a la guerra que aun se libra sobre la isla de la llama eterna y, pese a no haber logrado los resultados necesarios, no dispongo de ningún otro rey guerrero que posea el mismo conocimiento de a lo que nos enfrentamos en ese lugar.

El príncipe asintió con gesto quedo mientras escuchaba con atención.

- Envié dos príncipes, jóvenes e inexpertos, forjaron sus propias alianzas y ordenaron a sus sacerdotes blandir conocimientos prohibidos que en últimas, los llevaron a su destrucción. No espero que sigas sus pasos y NECESITO victorias para poder avanzar con paso firme en la guerra que nos acecha. Tu padre y tu hermano fallaron y sus huesos adornan una tierra impura que necesita el fuego de nuestras piras para que lo reyes de esta tierra puedan hollarla y elevar nuevos imperios. Ahmenotep, serás coronado rey e investido con el poder de uno, en nombre de Settra y de los dioses del desierto, para que no haya lugar en la tierra que no sienta mi ira. Ahora sal, encuentra el ejército que has de comandar y trae buenas nuevas... es innecesario mencionar lo que sucederá si ocurre lo contrario.

-*-*-*-*-*-

Aun aturdido por las palabras del rey imperecedero, Ahmenotep salió al encuentro de su corte, quienes parecían distraídos por algo que ocurría en la ladera baja de la enorme pirámide, aunque se les veía igualmente interesados en que el rey jamás coronado presenciara el motivo de su falta de atención. Ignoró a la comitiva y avanzó sobre el bloque de mármol para presenciar a un ejército de esfinges, restauradas de tiempos previos al reinado de su padre, esperando las órdenes de quien tomara las riendas del fastuoso constructo que encabezaba el enorme grupo de guerra. Un sirviente dejó un mensaje rápidamente en manos del antiguo príncipe mientras este aun contemplaba indecorosas ideas de grandeza a la cabeza de tal armada y, tras leer la misiva, recobró algo de su compostura real.

- ¿Qué ha sido de nuestros aliados?

El acólito Hapuseneb dio un ligero paso al frente para anunciar que sería quien respondiera.

- Muertos. Derrotados. Muchos huyeron o abandonaron la causa. Quedan apenas dos generales de entre los hombres rata. Esperan noticias de sus intenciones respecto a la guerra.

El puño cerrado de Ahmenotep aplastó el papiro antiguo que aun sostenía y dejó que un sonido silbante y desgarrado abandonara su garganta, una suerte de risa salida de las entrañas del mundo de los muertos.

- Tendrán más que noticias, pequeños traicioneros. Los demás poco importan, sus dioses sabrán lidiar bien con la cobardía. Ahora vengan, mis leales siervos, es hora de una gran coronación, entre sangre derramada y hueso hecho polvo,; la isla nos espera nuevamente para que desde este día y para siempre todo ejército tema siquiera pronunciar mi nombre. ¡Es hora de la muerte y la venganza bajo el fuego de las esfinges!


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Qué pena la demora, ahí continúa la historia de mi general, ahora ascendido a rey... por qué? Tendrán que retarme para averiguarlo! Mwha ha ha ha!


Última edición por Profe el Mar Oct 28, 2014 11:28 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   Mar Oct 28, 2014 11:18 am

buenos trasfondos pa ke, severo ke no se desamnimen con el tiempo y sigan escribiendo, son los unicos ke aun lo hacen.
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MensajeTema: Re: GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios   

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GRUPO #4 - Skaven, Reyes funerarios
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